"I love the smell of napalm in the morning."
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Roma, la ciudad eterna


Cualquiera que haya estado en Roma entiende porqué todo aquél que la visita se enamora de ella sin remedio.
Roma es una de las tres ciudades santas (junto con Jerusalén y la Meca). Desde su fundación en el año 753 a.C. ha ejercido un atractivo irresistible sobre todos los pueblos de la tierra. Ni yo mismo me libro de su hipnótica atracción, por que lo que me propuse hindagar en la historia de la ciudad y descubrí numerosas anécdotas ligadas a paso de las distintas civilizaciones que han tratado con mayor o menor éxito de tomarla por la fuerza:

-Ya en tiempos antiguos, la República de Roma se enfrentó a los galos en numerosas guerras por el control de la Península Itálica. En 387 a.C., los romanos fueron derrotados y la ciudad saqueada. El ejército galo exigió el pago de mil libras de oro a cambio de su retirada. Cuando los romanos protestaron debido a que los galos estaban usando una balanza trucada a su favor, el jefe galo Breno añadió su propia espada al peso de la balanza exclamando "Vae victis" (¡Ay de los vencidos!) que viene a significar que los conquistados no tienen ningún derecho.
Los romanos estaban tan humillados que, posteriormente, alteraron el final de la historia con la épica llegada de su héroe Furio Camilo al mando de un ejército que derrotó a los galos, al tiempo que exclamaba "Non aurum, sed ferro, recuperanda est patriae" (No es el oro, sino el acero, lo que recupera la patria). Es muy probable que esto nunca sucediera.

-En 1526, el papa Clemente VII rompe su neutralidad para aliarse con Francia y frenar la creciente influencia en la región de Carlos I de España (y V de Alemania). Al año siguiente, fuerzas hispano-imperiales toman Roma. Lamentablemente, los soldados se amotinan porque llevan meses sin ser pagados, y durante varios días una oleada de asesinatos, violaciones y saqueos azota la urbe. Estos hechos pasarían a la historia con el nombre de "El Saco de Roma".

Más de mil soldados españoles se dirigen al Vaticano y se enfrentan a unos 150 Guardias Suizos en la plaza de San Pedro. Los españoles pagaron un alto precio en sangre por cada paso que los formidables alabarderos retrocedían hacia las escalinatas de la basílica. La diestra guardia del papa formó en círculo entorno al pontífice y más de 100 de ellos cayeron en combate.

Finalmente, gracias al sacrificio de su fiel guardia, el papa logró alcanzar un pasadizo secreto de la basílica de San Pedro que conducía a su fortaleza personal, el castillo de Sant'Angelo, a 1 km escaso de allí. Clemente VII hubo de pagar un generoso rescate en oro para que las fuerzas ocupantes se retiraran. No obstante, el fevor católico de Carlos I le llevó a pedir disculpas públicas por los excesos cometidos por la tropa.

-En la segunda mitad del siglo XIX, los vientos revolucionarios soplan con fuerza en Italia y comienza la unificación nacional en torno al reino de Piamonte-Cerdeña. Para el 1870, a Victor Manuel II sólo le falta hacerse con la ciudad de Roma y sus alrededores, puesto que el papa Pío IX se niega a disolver los Estados Papales y renunciar a sus poderes seculares.

Las potencias católicas se encargan de reprimir las revueltas y sostener militarmente a este decadente estado. Pero en 1870, estalla la guerra franco-prusiana y el emperador Napoleón III reúne a todas sus tropas justo antes de la batalla del Sedán (incluyendo la guarnición desplegada en Roma). Una vez derrotado el II Imperio Francés, Victor Manuel II tiene las manos libres para entrar triunfalmente en ella y declararla capital del Reino de Italia, terminado la unificación.

Pero el papa se negó a reconocer esta pérdida, y se autoproclamó "prisionero en el Vaticano". Tanto él como sus sucesores se negaban a abandonar la basílica en una muestra de desafío. Esta pugna entre el papa y el reino de Italia se conoció como "la cuestión romana" y fue tema recurrente en las relaciones diplomáticas europeas de finales del siglo XIX.El conflicto no terminó hasta 1929, cuando Mussolini y el papa Pío XI suscribieron los Pactos de Letrán, en virtud de los cuales se reconocía la soberanía del estado del Vaticano (limitado a 44 ha). La Santa Sede recebía también ventajas fiscales, un importante poder sobre el sistema educativo y el estatus de religión oficial de Italia.

Como véis, el aura legendaria de Roma se tradujo en una interminable sucesión de conquistadores y conquistados. Galos, romanos, godos, bizantinos, sarracenos, normandos...

Dos milenios y medio más tarde, este crisol de culturas no ha conllevado a la ruina de la ciudad, sino justo lo contrario. Con esta valiosa lección de la Historia, Roma se ha ganado el apelativo de "la Ciudad Eterna".

Yuri Gagarin, la estrella roja




"Veo la Tierra... es tan hermosa. Pobladores del mundo, salvaguardemos esta belleza, no la destruyamos"


Así habló Yuri Alekseyévich Gagarin al contemplar por primera vez el planeta azul desde la nave Vostok-1.

Se cumplen 48 años desde que Yuri se convirtió en el primer ser humano en ser puesto en órbita, anotándose así la Unión Soviética otro tanto más en la carrera espacial que sostenía frente a los Estados Unidos.

Yuri procedía de una familia humilde, ya que sus padres trabajaban en una de las granjas colectivas. Cuando obtuvo las mejores calificaciones en los exámenes físicos y psicológicos para ser cosmonauta, las autoridades soviéticas encarnaron en él al ideal comunista. Un hijo de trabajadores iba a volar más alto que ningún otro hombre gracias a sus aptitudes y a su tesón.

En el momento del despegue, justo antes de que su peso de multiplicara por 5 debido a la gravedad, la única palabra que Yuri pronunció fue Poyehali! (¡En marcha!).

Más tarde, cuando contempló por primera vez el espacio exterior, se dice que comentó (por indicación de sus superiores): "Desde aquí no veo ningún dios".

Sin embargo, el viaje estuvo apunto de terminar mal. Los soviéticos creían que lo más probable era que muriera durante la reentrada en la atmósfera (a 27.ooo km por hora!) y por eso la misión se mantuvo en secreto hasta su finalización. Y ciertamente estuvo apunto de ser así, de no haber sido por la prudente -aunque improvisada- eyección de emergencia que realizó Yuri segundos antes de que su cápsula se estrellara contra el suelo.

Aterrizó en paracaídas en medio de Siberia, y las primeras personas que le encontraron fueron una anciana campesina y su nieta. Lo primero que le preguntaron fue:

-¿Vienes del espacio exterior?
-Ciertamente, sí... Pero no os alarméis, soy soviético.

El 2 de mayo en la Cárcel Real de Madrid


En mayo de 1808, el incompetente monarca Fernando VII abandona el país rumbo a Bayona, atraído mediante engaños por Napoleón, y estalla en Madrid un levantamiento popular frente al ejército ocupante. Todos los madrileños se involucran en una lucha desigual contra mercenarios egipcios - los mamelucos retratados por Goya- y el ejército imperial francés.

La gravedad de los sucesos se hace eco incluso en la cárcel Real de Madrid, donde el clima se encuentra extremadamente caldeado. Los reclusos piden ser liberados para colaborar con sus paisanos en la expulsión del invasor. Los carceleros están desbordados por los acontecimientos y temen una rebelión. Y no es para menos, ya que en dicha cárcel se encuentra la flor y nata de los barrios bajos de la capital de las Españas: asesinos en serie, perturbados, violadores y todo tipo de depravados. Finalmente, deciden soltar a todo aquel que desee luchar, pero que jure solemnemente regresar al alba del día siguiente.

Y así fue como más de cincuenta fieras fueron abocadas a las calles de Madrid. Llenos de júbilo y furor, se armaron hasta los dientes con cuchillos, palos y alguna pistola, y se lanzaron como perros rabiosos a hacer lo que mejor sabían: rajar gargantas y barrigas a navajazo limpio.

Al anochecer, con las calles llenas de muertos, los cañones dejaron de tronar y todo el mundo volvió a sus casas. Uno a uno, los presos fueron presentándose en la cárcel para la inspección. Al alba, llegó el último, seguramente después de hacer una visita a algún burdel y a todas las tabernas que le venían de paso.

Y resultó que al final de la jornada, todos aquellos canallas se encontraban de regreso en la cárcel o bajo tierra. Tan sólo uno de ellos había aprovechado la ocasión para darse a la fuga, rompiendo su “palabra de honor de presidiario”

El último aliento en el valle de Arán


Nos encontramos en el otoño de 1944. La suerte ha abandonado a las potencias del eje, que ahora observan impotentes cómo los aliados les arrebatan en cuestión de meses los territorios conquistados en los años previos.
El ansiado tercer frente se ha abierto en Normandía, y gran parte de la Francia ocupada ha sido recuperada. Los españoles republicanos de la división Leclerc han sido los primeros en entrar en París.

Mientras tanto, una paupérrima España nacional está movilizando a la frontera franco-española más de 50.000 miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad (entre militares, guardias civiles y policías), con los generales Moscardó y Yagüe al frente.

Franco teme una invasión aliada que restaure la República. Con suma habilidad, ya se ha desvinculado oficialmente de las potencias fascistas y está tratando de dar una apariencia de pseudo-democracia de cara a Occidente, por medio de un conjunto inconexo de decretos que dicen asegurar las libertades individuales de los ciudadanos españoles.

No obstante, los EEUU no tienen interés en malgastar sus fuerzas en derrocar un inofensivo régimen autoritario situado en la periferia geográfica y económica de Europa. Se contentarán con bloquearlo temporalmente al término del conflicto mundial. Al fin y al cabo, una España nacional-católica es la mejor garantía de que el comunismo no rebrote en la península durante la Guerra Fría.

En este contexto, los españoles republicanos que se encuentran en el sur de Francia (varias decenas de miles) han sido abandonados. Nadie les va a ayudar en su ansiada reconquista de España. Los franceses y americanos les han regalado las armas más anticuadas que han podido incautar a los alemanes, pero no pueden esperar ningún tipo de apoyo adicional.

En octubre de 1944, comienza la operación "Reconquista de España", organizada por el maquis comunista. Se trata de una serie de ataques dispersos a lo largo de toda la frontera pirenaica. El ataque principal, a cargo de 4.000 guerrilleros, discurrirá por el valle de Arán con el objetivo de tomar el municipio de Viella, capital de la comarca. Una vez liberada, se plantará en su ayuntamiento la bandera republicana, y Juan Negrín se desplazará hasta el municipio para presidir el gobierno provisional del territorio liberado por la República Española. Será entonces cuando los Aliados tendrán la opción de salvar la democracia en España, declarando la guerra a Franco.

Pero todo esto no sucederá. La toma de Viella fracasará por la falta de apoyo prometido por los franceses. No se confía en la fuerza del maquis, y consideran que es demasiado peligroso provocar a Franco con media Francia aún en manos de los nazis.

Después de sostener más de 500 bajas, los guerrilleros republicanos se retiraron de nuevo a Francia. Fueron amenzados con ser extraditados a España (lo que les hubiera conllevado un juicio sumario y la ejecución inmediata), y la mayoría de ellos acabaron en las guerras de Indochina y Argelia, luchando por una causa que no era la suya.

Las cuentas del Gran Capitán


"En picas, palas y azadones, cien millones"

Así reza el refranero popular español. Se evoca a las "cuentas del Gran Capitán" para ridiculizar una lista de gastos sospechosa o poco pormenorizada, o para referirse a una explicación a la que no se tiene derecho.

Todo se debe a un suceso histórico acaecido a principio del siglo XVI. La monarquía hispánica pugnaba con su principal adversario, Francia, por el control de los florecientes aunque inestables estados italianos.

En estas campañas italianas se destacó Gonzalo Fernández de Córdoba, apodado "el Gran Capitán" por su excelencia en el arte de la guerra. Este genial estratega cordobés organizó de tal manera a la infantería española que fue capaz de derrotar a la caballería pesada francesa, la más potente de toda Europa occidental. Los franceses llegarían a afirmar que en Italia no habían combatido contra hombres, sino contra diablos. Fruto de sus revolucionarias tácticas nacerían décadas más tarde los famosos Tercios Viejos de infantería española, invictos durante dos siglos en el viejo mundo.

Al término de la campaña de 1506, el Gran Capitán consiguió para Fernando el Católico el reino de Nápoles, que fue incorporado a la Corona de Aragón. Pese a la eficacia de su mando, Gonzalo había agotado por completo las arcas reales.

A su regreso a España, el rey Fernando le pidió las cuentas de los gastos de su campaña militar. El Gran Capitán, visiblemente irritado, ridiculizó al rey con una enumeración de gastos desorbitados en conceptos absurdos:

"Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados."

Este famoso episodio esconde el carácter de la aristocracia católica española: fiel pero orgullosa, desapegada a lo material, siempre opuesta a la mentalidad burguesa y capitalista propia de los protestantes y judíos. Un carácter que fue inmortalizado por José Zorrilla en la novela Don Juan Tenorio y que sería la causa última de las hazañas y desatinos de la España de los Austrias.

Ethnos Anadelfon. Historia de Grecia


Grecia es un buen ejemplo de cuán arbitraria es la Historia a la hora de repartir la suerte entre las distintas naciones del mundo. O incluso caprichosa, pues a veces los sucesos parecen más que simple casualidad.

El territorio de Grecia es muy montañoso, con cortos rios y una reducida superfície de cultivo. Por este motivo, los griegos se hicieron a la mar hace muchísimo tiempo con el fin de comerciar, descubrir y aprender.

Debido al miedo natural que siente el ser humano hacia lo desconocido, inventaron explicaciones mitológicas para todo lo que les rodeaba. Depués de explorar de punta a punta el universo mediterráneo, concluyeron en que la mayoria de los fenómenos naturales tenían una explicación racional y sentaron las bases de la civilización occidental.

Mientras en Iberia nos dedicábamos a pintarrajear las paredes de las cuevas, los helenos ya filosofaban, componían música, esculpían perfectas estatuas, enunciaban teoremas y trataban de calcular el radio de la Tierra.

Salvaron la independencia ideológica de Occidente en las Termópilas y más tarde inventaron la democracia. Y todo esto lo lograron estando divididos en pequeñas ciudades estado, las polis. Porque cuando se unieron bajo en mando de Alejandro forjaron un imperio que abarcaba medio mundo conocido, desde los Balcanes hasta la India.

Finalmente, Grecia fue sometida militarmente por una potencia superior, Roma, y llegó el fin de su hegemonía cultural. Los romanos copiaron palabra por palabra su cultura superior, cambiando los nombres a su antojo.

Tras la caída de Roma, el territorio griego le sobrevivió casi mil años como parte integrante del Imperio de Romano de Oriente hasta su disolución a manos de los otomanos. Sin embargo, los griegos se consideraban los verdaderos herederos del Bizancio y poseían un legado cultural demasiado rico como para ser asimilados por los turcos. Tras más de tres siglos de ocupación, ganaron su independencia en 1830, naciendo la Grecia moderna.

Desde entonces, Grecia permaneció algo aislada de los países a los que legó su cultura hace tantos siglos. Volvió a ser vapuleada por una potencia extranjera durante la II Guerra Mundial, y su territorio se convirtió en el primer escenario de la Guerra Fría debido a la Guerra Civil Griega. A continuación, tuvieron que soportar la intromisión de EEUU, que instauró una dictadura fascista (El "régimen de los coroneles") para aislar a Grecia del bloque socialista.

Todos estos sucesos han marcado terriblemente el espíritu de los helenos, que se autodenominan la Ethnos Anadelfon ("nación sin hermanos"). Han vertido sangre y lágrimas por continuar siendo lo que son, y sólo pueden confiar en sí mismos para solucionar sus problemas.

Franz Ferdinand



Uno de los conjuntos estrella del próximo festival MTV Winter de Valencia es el exitoso grupo de indie rock Franz Ferdinand. Desde la primera vez que lo oí quise saber por qué habian escogido un nombre tan singular. Parece ser que, en palabras del propio grupo, lo eligieron por las trágicas consecuencias que tuvo el asesinato del Archiduque de Austria Francisco Fernando. Incluso había algo más: se trataba de una tragedia romántica.

Pero ¿quién fue Francisco Fernando? Se trataba nada menos que de el heredero al trono del Imperio Austrohúngaro, que a principios del siglo XX se extendia por media Europa central y oriental.

Francisco Fernando había disgustado a su padre, el emperador Francisco José, al casarse con Sofía, una mujer que no estaba emparentada con ninguna familia real europea. Además de retirarle la palabra, obligó a su hijo a aceptar que fuera un "matrimonio morganático", es decir, que ninguno de sus decendientes tendría derechos sucesorios, y Sofía no aparecería nunca en público junto a su esposo ni recibiría el mismo trato de honor. Ambos aceptaron estas duras condiciones por el amor que se tenían. El emperador ni siquiera asistió a la boda de su hijo.

Pese a todas las adversidades y al desprecio de su padre, ambos permanecieron unidos en todo momento. En 1914, Francisco Fernando debía realizar una visita a Bosnia con motivo de unas maniobras militares. Bosnia formaba parte del imperio en aquel tiempo, pero una parte importante de la población se oponía a la ocupación y deseaban la unión con un país eslavo como Serbia. Existía un complot financiado por el gobierno serbio para asesinar a Francisco Fernando y producir disturbios en Bosnia.

Francisco no quería que su esposa le acompañara, pero Sofía lo hizo igualmente porque su esposo no se encontraba bien de salud. Además, sería una de las pocas ocasiones en que podrían aparecer en público juntos, lo cual les ilusionaba mucho. Sin embargo, como Sofía no era parte de la realeza, no se le concedieron honores imperiales al llegar a Sarajevo, por lo que el ejército austríaco se retiró de la capital (dejando via libre a los conspiradores para actuar).

Todo sucedió el 28 de junio. El equipamiento y planificación de los agentes bosnios dejaba mucho que desear, pero una seria de coincidiencias desembocaron en una catástrofe.
En primer lugar, un francotirador no abrió fuego por no encontrarse a tiro el coche que transportaba al Archiduque. Más adelante, otro de los conspiradores lanzó desde un balcón una bomba casera, que rebotó en el techo del coche y explotó entre la multitud causando una gran mortandad.

La pareja salió ilesa del atentado, y decidieron acudir al hospital a visitar a los numerosos heridos. Una vez allí, el mismo hombre que había lanzado la bomba se encontró de casualidad con ellos, y rápidamente descargó un revólver sobre el coche de Francisco Fernando. El primer tiro alcanzó a Sofía, que se lanzó sobre su marido para que se agachara, y el segundo alcanzó al Archiduque. Mientras la multitud reducía al asaltante, los médicos intentaron en vano cortar las graves hemorragias del Archiduque.

El asesinato de Francisco Fernando sirvió de excusa al emperador Francisco José (que no apreciaba en absoluto a su hijo, ya que ni siquiera acudió a su entierro) para lanzar un ultimátum sobre Serbia, que provocaría una cadena de declaraciones de guerra que desembocarían en la Primera Guerra Mundial.

Lo rat penat




“El murciélago cruza Mestalla,
es el símbolo de un ideal,
nuestra sangre es valencianista,
nuestra lucha será inmortal”.


Pocos hinchas del combinado “che” se han preguntado por qué un murciélago aparece en el escudo del Valencia C.F. y en las canciones que cantan, a pesar de que también luce en el propio escudo de la ciudad. Qué le vamos a hacer, la mayor parte de “l’afició” no es amiga de los acertijos.
Pero esto nos lleva a los más curiosos en busca de un motivo, y para hallarlo tendríamos que retroceder hasta el siglo XIII, en pleno auge de la Reconquista.

El rey aragonés Jaume I decidió la anexión de la capital del Túria, la joya mora del Mediterráneo. En aquel tiempo, el levante peninsular nadaba en la abundancia y los moros no cedieron la ciudad con facilidad: el sitio se prolongó durante un año.

Durante este tiempo, el ejército cristiano se hallaba acampado en las afueras de la ciudad. Un dia, apareció un murciélago -animal muy común en los humedales valencianos- junto con sus crías en el techo de la tienda real. Los guardias se dispusieron a matarlos por diversión, pero en ese momento llegó el rey Jaume para prohibirles que molestaran al animal.
Aquella noche, los árabes prepararon un ataque relámpago contra el cuartel de campo de los cristianos. El objetivo era asesinar al rey para hacer fracasar las pretensiones aragonesas sobre Valencia.

Los hábiles guerreros sarracenos se infiltraron en el campamento, asesinando a los guardias sin que nadie les descubriera. Cuando entraron en la tienda real y se disponian a terminar su trabajo, el murciélago del techo comenzó a revolotear por toda la estancia. Un sarraceno gritó, tropezando con otro y golpeando un tambor. Se armó un pandemonium.

Ante el asombro de los musulmanes, los cristianos se levantaron prestos a defender a su rey, y la tentativa de asesinato fracasó. Y todo gracias a la afortunada intervención de aquel pequeño ser protegido por el monarca.

Semanas después, cuando los moros capitularon y entregaron la ciudad (9 de octubre de 1238, dia de la Comunidad Valenciana), el rey Jaume decidió colocar aquel extraño animal en el escudo de la ciudad, con el ánimo de transmitir una lección de humildad a todos sus vasallos: hasta la más insignificante criatura puede marcar el destino de toda una nación.

El salvador de las madres: el dr. Semmelweis


Pocos hombres merecen ostentar los apelativos de “héroe” y “visionario” pero, sin duda, Ignacio Felipe Semmelweis es uno de ellos. Este extraordinario médico sacrificó su prestigio, su oficio y hasta su vida en defensa de una teoria en la que creia firmemente. Una teoria en pos de la vida que le obligó a enfrentarse a todos sus colegas médicos y, prácticamente, a todos sus contemporáneos.

El doctor Semmelweis era húngaro, aunque trabajaba en el hospital de Viena. A mediados del siglo XIX, las infecciones aún constituían la principal causa de mortalidad y la microbiologia no se había desarrollado. Semmelweis realizó un estudio estadístico sobre la mortalidad en los partos que se producian en su hospital. Topó con un hecho insólito: gran parte de las mujeres que daban a luz sufrian a los pocos dias de parir una terrible y lenta muerte. Se trataba de una sepsis generalizada (una infección simultánea de muchos tejidos del organismo). Existian dos salas de partos en el hospital, una atendida por médicos y estudiantes, y otra atendida por matronas y sus aprendices. Mientras que en la primera sala morian el 25% de las madres al dar a luz, en la segunda tan sólo morian el 6%. Demasiada disparidad para ser una coincidencia.
La única diferencia en los hábitos de los dos colectivos (médicos y matronas) radicaba en que los médicos acudían a los partos después de las prácticas de anatomía. El doctor Semmelweis pensó que debía existir algún tipo de “veneno invisible” en la superficie de los cadáveres que era transmitido involuntariamente por los médicos a las parturientas. Su teoria no erró demasiado: se trataba de los microorganismos, que no se conocian en su época debido al insuficiente desarrollo del microscopio. En concreto, algunos de los más agresivos y peligrosos se desarrollan en los tejidos muertos.

Para probar su teoria, Semmelweis hizo que sus estudiantes se limpiaran las manos con ácido carbónico (un potente desinfectante) después de las prácticas y antes de antender los partos. Resultó que la mortalidad descendió del 25 al 3%. Se dispuso a publicar sus estudios y a advertir a toda la comunidad médica del peligro que suponian las prácticas que llevaban a cabo, pero sólo encontró rechazo. Las altas esferas de la universidad y del colegio de médicos no podian admitir que un detalle tan sencillo estuviera cobrándose las vidas de tantas mujeres. Seria un vergonzoso fallo garrafal que desprestigiaria y ridiculizaria a todos los estudiosos de la medicina. Así que la teoria de Semmelweis fue rechazada y se encargaron de destrozar su reputación para que no tuviese credibilidad. El doctor no se quedó de brazos cruzados, sino que continuó difundiendo sus ideas con ahínco, llegando incluso a llamar “asesinos” a los jefes del hospital. Finalmente, le retiraron su puesto en la universidad y su licencia de médico.

Rechazado por todos y privado de su oficio vocacional, Semmelweis se dedicó a vagar por las calles de Viena colgando carteles en los que exhortaba a los padres que no llevaran a sus hijas a parir al hospital, pues una muerte inminente les acechaba. Terminó perdiendo la cordura y fue internado en un psiquiátrico.

Al cabo de unos años, recobró la lucidez y abjuró de su teoría ante las autoridades del sanatorio. Puesto que parecia haberse vuelto “cuerdo”, le dieron el alta y le restituyeron su licencia médica y su puesto en la facultad de medicina. Pero Semmelweis aprovechó su primera clase de anatomía para inflingirse una herida delante de sus alumnos con un bisturí que acababa de usar para diseccionar un cadáver, diciendo: “Señores, este insignificante corte que acabo de hacerme me provocará la muerte en cuestión de dias. De esta manera, provaré mi teoria”. Como cabia esperar, el doctor Semmelweis sufrió una sepsis generalizada y padeció la misma dolorosa agonía que tantas veces habia observado en el hospital, muriendo en brazos de su maestro al cabo de unos dias.

El tiempo dio la razón a Semmelweis y la comunidad científica se vio obligada a reconocer la tremenda deuda que habia contraído con él. En la actualidad, existe en aquel hospital de Viena una estatua en su memoria junto con una placa en la que se le proclama “el salvador de las madres”. Además, se le considera el patrón de todos los hospitales materno-infantiles del mundo.

Más allá de las divisas: Plus Ultra


Todos nos hemos preguntado alguna vez de dónde diantre procede
la dichosa letra S con dos palitos que conforman el símbolo del omnipresente dólar americano ($). Pocos sospechan que éste símbolo es español y que está directamente relacionado con la historia de nuestro país.

Durante la época del Imperio Español (el primer imperio global),
su divisa se convirtió en la primera moneda de uso mundial.
El "real de a 8" era la moneda de plata más popular, de amplio
uso en toda América. Dicha moneda presentaba en una de sus caras
el escudo de España con las Columnas de Hércules.

De acuerdo con la tradición griega, Hércules separó África y
Europa para abrirse camino hacia el océano Atlántico. A cada
lado del estrecho erigió una columna (Gilbraltar y Ceuta).
Para los navegantes griegos, el estrecho de Gilbraltar era el
fin del mundo, y en sus mapas advertian: "Non Terrae Plus Ultra"
(no existe tierra más allá).

Sin embargo, después del descubrimiento de América, Carlos I
incorporó al escudo de España las Columnas de Hércules rodeadas
por el lema "Plus Ultra" (más allá) para desafiar y olvidar las
antiguas leyendas marineras. Un inspirador lema de superación y
glorias pasadas que aún podemos apreciar en el escudo de España
actual.

De esta manera, las Columnas de Hércules pasaron al Real de a 8,
convirtiéndose en su símbolo ($). Los nacientes Estados Unidos
utilizaban el Real español a falta de divisa propia. Incluso
tras la aparición del dólar estadounidense, el dólar español
era más popular, por lo que fue prohibido por su gobierno.
Sin embargo, el símbolo del peso español permaneció como símbolo
del dólar americano.

Hoy en dia encontramos por todo el mundo muchas otras muestras
del antiguo esplendor de las Españas: la moneda de Filipinas,
Canadá, China y de muchos países Latinoamericanos;
los escudos de diversos municipios y estados; y una infinidad
de topónimos. Se olvidó "la denominación de origen", pero
nunca se podrá borrar el espíritu del Plus Ultra que llevó a
los más audaces a llegar a donde nunca se había llegado.