"I love the smell of napalm in the morning."

Verdades y mentiras sobre... las espinacas


Se busca por perjurio


Otra falacia de la infancia. ¿Qué oscuros intereses se mueven tras estas viles engañalifas? ¿Hasta dónde se extienden los tentáculos de la industria de las espinacas?
No es cierto que las espinacas sean un alimento rico en hierro. Todo se debe a un error de cálculo: en 1870, Von Wolf realizó la cuantificación pero movió la coma a la derecha por accidente. De los 3 mg de hierro se pasaron a los ficticios 30 mg.

Fue entonces cuando, en EEUU, se promovió el consumo de esta verdura para mejorar la salud de la población y para invertir en sus propios agricultores ("Eat local spinach!"). De ahí que Popeye se convirtiera en el estandarte de esta campaña propagandística para promocionar esta verdura.

Hoy en día se sabe que las espinacas tienen un nivel de hierro igual o incluso en inferior a otras verduras verdes y legumbres (acelgas, col, garbanzos...). Además, gran parte del hierro de las espinacas no es absorbido por las células de nuestro intenstino debido a que las espinacas contienen un alto de nivel de ácido oxálico. Provoca que el hierro ferroso (Fe2+) se oxide a hierro férrico (Fe3+), el cual es muy insoluble y no es aprovechable para nuestro organismo.

¡Pero esto no es excusa para esquivarlas! Las verduras son de lo más recomendables. Son la clave para una dieta sana y un mundo sostenible. Nuestro planeta puede producir suficientes verduras para todo el mundo, pero no suficiente carne. Se requieren diez veces menos de superficie de cultivo, puesto que los animales consumen mucho pasto (eso si no les alimentan con piensos artificiales). El excesivo peso de la carne en la dieta del 1er mundo es un lujo y un hábito del todo insano.
Si algún el día todos los chinos se comen un BigMac (o se limpian el culete con papel higiénico) nuestro mundo se va al garete. Y, personalmente, prefiero vivir en un mundo dominado por los agricultores de las espinacas que por las cadenas de comida rápida.

De verdad. No es que me hayan comprado ya... ¡Este traje es mío!

Roma, la ciudad eterna


Cualquiera que haya estado en Roma entiende porqué todo aquél que la visita se enamora de ella sin remedio.
Roma es una de las tres ciudades santas (junto con Jerusalén y la Meca). Desde su fundación en el año 753 a.C. ha ejercido un atractivo irresistible sobre todos los pueblos de la tierra. Ni yo mismo me libro de su hipnótica atracción, por que lo que me propuse hindagar en la historia de la ciudad y descubrí numerosas anécdotas ligadas a paso de las distintas civilizaciones que han tratado con mayor o menor éxito de tomarla por la fuerza:

-Ya en tiempos antiguos, la República de Roma se enfrentó a los galos en numerosas guerras por el control de la Península Itálica. En 387 a.C., los romanos fueron derrotados y la ciudad saqueada. El ejército galo exigió el pago de mil libras de oro a cambio de su retirada. Cuando los romanos protestaron debido a que los galos estaban usando una balanza trucada a su favor, el jefe galo Breno añadió su propia espada al peso de la balanza exclamando "Vae victis" (¡Ay de los vencidos!) que viene a significar que los conquistados no tienen ningún derecho.
Los romanos estaban tan humillados que, posteriormente, alteraron el final de la historia con la épica llegada de su héroe Furio Camilo al mando de un ejército que derrotó a los galos, al tiempo que exclamaba "Non aurum, sed ferro, recuperanda est patriae" (No es el oro, sino el acero, lo que recupera la patria). Es muy probable que esto nunca sucediera.

-En 1526, el papa Clemente VII rompe su neutralidad para aliarse con Francia y frenar la creciente influencia en la región de Carlos I de España (y V de Alemania). Al año siguiente, fuerzas hispano-imperiales toman Roma. Lamentablemente, los soldados se amotinan porque llevan meses sin ser pagados, y durante varios días una oleada de asesinatos, violaciones y saqueos azota la urbe. Estos hechos pasarían a la historia con el nombre de "El Saco de Roma".

Más de mil soldados españoles se dirigen al Vaticano y se enfrentan a unos 150 Guardias Suizos en la plaza de San Pedro. Los españoles pagaron un alto precio en sangre por cada paso que los formidables alabarderos retrocedían hacia las escalinatas de la basílica. La diestra guardia del papa formó en círculo entorno al pontífice y más de 100 de ellos cayeron en combate.

Finalmente, gracias al sacrificio de su fiel guardia, el papa logró alcanzar un pasadizo secreto de la basílica de San Pedro que conducía a su fortaleza personal, el castillo de Sant'Angelo, a 1 km escaso de allí. Clemente VII hubo de pagar un generoso rescate en oro para que las fuerzas ocupantes se retiraran. No obstante, el fevor católico de Carlos I le llevó a pedir disculpas públicas por los excesos cometidos por la tropa.

-En la segunda mitad del siglo XIX, los vientos revolucionarios soplan con fuerza en Italia y comienza la unificación nacional en torno al reino de Piamonte-Cerdeña. Para el 1870, a Victor Manuel II sólo le falta hacerse con la ciudad de Roma y sus alrededores, puesto que el papa Pío IX se niega a disolver los Estados Papales y renunciar a sus poderes seculares.

Las potencias católicas se encargan de reprimir las revueltas y sostener militarmente a este decadente estado. Pero en 1870, estalla la guerra franco-prusiana y el emperador Napoleón III reúne a todas sus tropas justo antes de la batalla del Sedán (incluyendo la guarnición desplegada en Roma). Una vez derrotado el II Imperio Francés, Victor Manuel II tiene las manos libres para entrar triunfalmente en ella y declararla capital del Reino de Italia, terminado la unificación.

Pero el papa se negó a reconocer esta pérdida, y se autoproclamó "prisionero en el Vaticano". Tanto él como sus sucesores se negaban a abandonar la basílica en una muestra de desafío. Esta pugna entre el papa y el reino de Italia se conoció como "la cuestión romana" y fue tema recurrente en las relaciones diplomáticas europeas de finales del siglo XIX.El conflicto no terminó hasta 1929, cuando Mussolini y el papa Pío XI suscribieron los Pactos de Letrán, en virtud de los cuales se reconocía la soberanía del estado del Vaticano (limitado a 44 ha). La Santa Sede recebía también ventajas fiscales, un importante poder sobre el sistema educativo y el estatus de religión oficial de Italia.

Como véis, el aura legendaria de Roma se tradujo en una interminable sucesión de conquistadores y conquistados. Galos, romanos, godos, bizantinos, sarracenos, normandos...

Dos milenios y medio más tarde, este crisol de culturas no ha conllevado a la ruina de la ciudad, sino justo lo contrario. Con esta valiosa lección de la Historia, Roma se ha ganado el apelativo de "la Ciudad Eterna".

Los cuatro últimos de Filipinas



Está claro que es imposible agradar a todo el mundo. Pero nunca deja de sorprender que una banda de rock pueda ser idolatrada en medio mundo y odiada a muerte en la otra mitad.

Éste fue el caso de los Beatles, incluso antes de que los conservadores americanos les declararan la guerra a muerte a raíz de que Lennon dijera aquello de que eran más conocidos que Jesús.

En 1966, tras su gira por Japón, los cuatro de Liverpool decidieron hacer una parada en Filipinas antes de volver a su isla. A su llegada al archipiélago, fueron recibidos como héroes, y veinte Cadillacs oficiales acudieron al aeropuerto a recogerles. Las medidas de seguridad fueron equivalentes a las que se prestaba a los jefes de estado extranjeros, puesto que Filipinas era un país realmente peligroso para un forastero: la criminalidad estaba por las nubes, ya que todo el mundo poseía armas de fuego y hasta la más mínima provocación terminaba en un derramamiento de sangre.

Por aquel entonces, el gobierno oligárquico del país estaba monopolizado por la familia Marcos. Aprovechando la visita del cuarteto, pretendían mejorar su imágen pública, por lo que la Primera Dama invitó a los Beatles a cenar junto con un grupo de niños huérfanos.

No obstante, después de un viaje agotador y con dos conciertos a la vista, los Beatles declinaron educadamente la oferta y se quedaron en en hotel durmiendo, ajenos a lo que se les venía encima.

La Primera Dama no estaba acostumbrada a recibir un "no" por respuesta, así que inmediatamente decidió vengarse utilizando su control sobre los medios de comunicación. Las cámaras grabaron en directo cómo la mandataria había sido "plantada" por los ingleses, deshonrando a todo el país. También se mostraban imágenes de los niños llorando y de los platos vacíos.

Cuando los Beatles despertaron, pidieron al hotel el desayuno, pero nadie les sirvió. Al encender el televisor, descubrieron horrorizados la campaña de desprestigio que se había lanzado contra ellos. Decidieron inmediatamente poner pies en polvorosa, ya que temían por su vida: todas las medidas de seguridad habían sido retiradas, dejándoles desprotegidos en medio de un país lleno de pistoleros lunáticos que se les venían encima.

El hotel les comunicó que ahora sólamente había disponible una moto para llevarles al aeropuerto. Su manager, Brian Epstein, pagó $18.000 de su propio bolsillo para que les dejaran marchar, puesto que debían pagar unos impuestos especiales que nadie había mencionado antes. Tuvieron que huir a pie, abandonando parte de su equipaje, a través de una multitud que les escupía, insultaba y golpeaba. Paul se escabulló entre un grupo de monjas. Ringo se llevó la peor parte, al recibir varios puñetazos en la cara.

Finalmente, cuando llegaron milagrosamente al avión, el despegue se aplazó. Un grupo de militares uniformados subió al avión y habló con Brian, y les reclamó todo el dinero que habían recaudado en su visita al país, que no era moco de pavo: más de 200.000 entradas, merchandising y publicidad.

Tras acceder a este nuevo chantaje, regresaron a Gran Bretaña y juraron no volver jamás al "país más horrible del mundo".

Tio Canya, no tens les claus de ta casa



El Tío Caña es el protagonista de una canción popular del grupo valenciano "Al Tall".

La canción narra los problemas y humillaciones que sufrieron él y su hijo por no hablar el castellano durante la dictadura de Franco.

La gente de pueblo deseaba un futuro mejor para sus hijos, y los educa en castellano para que vayan a la ciudad y tengan estudios. El precio de conseguir una vida mejor consistió en olvidar sus raíces y su lengua, el valenciano.

La canción termina narrando cómo las nuevas generaciones están recuperando su lengua, consiguiendo que el Tío Caña vuelva a sonreír.

Os dejo con el vídeo y la letra en castellano de esta preciosa canción-protesta de la Transición.


video

TIO CANYA

En la Pobla hay un viejo, en la Pobla hay un viejo que le llaman tio Caña: lleva gorra y blusa negra, y una faja morellana.
Tres veces sólo fue el tio Caña a Valencia: primero cuando entró en quintas y al casarse con su hembra.
La tercera juró no volver a pisarla; que a un hombre que viene del pueblo, nadie hace bajar la cara.
Siete veces hizo cola, siete veces hizo cola, al presentar unos papeles, por no saber expresarse, por no saber expresarse, en lengua de forasteros.
Aguantó todas las burlas, las palabras agriadas, y a la Pobla volvió.


Tio Caña, Tio Caña, no tienes las llaves de tu casa: ponle un cerrojo nuevo o te hará humo el tejado.

Tio Caña tuvo un hijo que le llaman tio Caña, lleva gorra y blusa negra y una faja morellana.
Bien recuerda el tio Caña cuándo lo llevaron a la escuela, siete años, la cara bien limpia, ojos abiertos, camisa nueva.

Pero mucho más abrió los ojos el niño del tio Caña
cuando oyó a aquel maestro hablando de manera extraña.
Cada día que pasaba, iba encogiendo los hombros
por miedo a que el señor maestro le hiciera alguna pregunta. Aguantó castigos y riñas sin osar abrir la boca y la escuela odió.

Tio Caña, Tio Caña, no tienes las llaves de tu casa: ponle un cerrojo nuevo o te hará humo el tejado.

Crónicas de la calle dicen de unos nietos que tiene el tio Caña que son médicos en Valencia, profesores y gente letrada. Cuando en verano vienen al pueblo, visitan el tio Caña y el pobre viejo se los oye hablando lengua castellana.
Pero crónicas más nuevas explican que el tio Caña ya cuenta con bisnietos muy jóvenes que alegran su cara.
Nunca hablan en castellano como han aprendido de sus padres, sino como la gente del pueblo, la lengua del tio Caña.
Reaviva, tio Caña, con
bastón si te hace falta
que a Valencia tienes que volver.


Tio Caña, Tio Caña, no tienes las llaves de tu casa:
ponle un cerrojo nuevo, porque hoy tienes tiempo todavía.